Ni el aula, ni los contenidos, ni las materias y asignaturas pueden cultivar la virtud. Para aprender a sustentar el buen vivir se requieren experiencias y territorios. La teoría y el intelecto no son suficientes por sí solos. Por este motivo, la Fundación Nativos pone en práctica las Experiencias Nativas, una metodología capaz de aportar abiduría, habilidades, espíritu, cuerpo, identidad y libertad.
Las Experiencias Nativas son vivencias de inmersión en los quehaceres primitivos, como subsistir, cocinar, refugiarse, habitar, explorar, registrar, existir, expresarse y convivir. En estas vivencias, los estudiantes recuperan los saberes vivos, que son sabidurías que solo se cultivan en la interacción directa con prácticas indisciplinadas. Así como se educaron magistralmente nuestros primeros pueblos.

Las experiencias nativas se constituyen a partir de los quehaceres primitivos, que se pueden ordenar en tres grandes grupos:
Obrar-Autonomía-Manos-Subsistir: necesitamos que los estudiantes vuelvan a alimentarse y refugiarse para cultivar su autonomía con sus manos. El subsistir se refiere a ese vínculo primitivo con la sabiduría anónima sobre la caza, el hogar, los utensilios, el cultivo, el fuego, la vestimenta, el carneo y las faenas. Alimentos sanos, artefactos para la cocina, jardines comestibles, utensilios necesarios. Subsistir es un quehacer nativo fundamental para nuestra existencia y su necesidad de armonización.


Exploración-Ecología-Pies-Habitar: necesitamos que los estudiantes vuelvan a explorar y atestiguar el territorio, para cultivar la ecología con sus pies. El habitar se refiere a ese vínculo primitivo de sabiduría anónima respecto a los comportamientos del territorio: las salidas y puestas de sol, los climas y sus señales. Las buenas sombras, los pozones sanos, el rincón de tepas. Habitar es un quehacer nativo fundamental para nuestra existencia y su necesidad de armonización.


Expresión-Ética-Corazón-Existir: necesitamos que los estudiantes vuelvan a expresarse y a convivir para cultivar la ética con sus corazones. El existir se refiere a ese vínculo primitivo de sabiduría anónima respecto a los oficios, la pintura, la expresión, la creación de lenguaje y la convivencia. Las pinturas rupestres, los telares, la estética, la poesía, los cuentos, la música y los instrumentos. Existir es un quehacer nativo fundamental para nuestra existencia y su necesidad de armonización.


¿Cómo se relacionan las Experiencias Nativas con el Currículum Nacional?
Si bien en muchos de los objetivos transversales y principios ordenadores declarados en el currículum nacional se manifiestan intenciones trascendentales para el cultivo de la virtud humana, a la hora de traducirlos a metodologías pedagógicas capaces de alcanzarlos, se pierde continuidad causal, y nos topamos con que las asignaturas no logran producir los resultados esperados, sino más bien, logran solo concluir, a veces, los objetivos específicos que declaran los objetivos de aprendizaje en cada materia, sin poder verdaderamente educar para fines trascendentales.
En Fundación Nativos creemos que esto se debe a que el acto pedagógico está reducido a una formación para el rendimiento, diluyendo el proceso de enseñanza a cuestiones teóricas, ilustradas y a veces irrelevantes. Aquello imposibilita abordar el profundo y multidimensional proceso de nutrir al ser humano en su integridad. Por tanto, si queremos lograr concretar las intenciones más significativas de nuestro currículum, debemos anteponer a la transmisión de conocimientos teóricos -las clases tradicionales- las vivencias de inmersión en el quehacer primitivo -las experiencias nativas-.
No deberían haber teorías sin experiencias, ni clases sin territorios. Dewey-(1938) advirtió que, el conocimiento pierde profundidad cuando se separa de la experiencia que le da continuidad y significado. MacIntyre-(1981) recuerda que las virtudes no se pasan como contenidos, sino que se cultivan en prácticas claras. Maturana-(1990) señala que la educación ocurre siempre en el convivir, en el espacio donde se forman las actitudes éticas y emocionales. Desde esas y nuestra mirada, el desafío de hoy no es curricular; ya que caducó la idea de formar personas “cultas” e “intelectuales” para alcanzar el bienestar. El desafío ahora es sobre metodologías que puedan reivindicar el cultivo de la virtud en los estudiantes, y articular sabidurías para resolver el arte de vivir bien.
En definitiva, las Experiencias Nativas vienen a disponer una metodología efectiva, con una cadena causal comprobada, que permite alcanzar los principios ordenadores y los objetivos de aprendizaje transversales (OAT) que declara el currículum nacional, pero toman distancia de los objetivos de aprendizaje (OA), ya que estos, paradójicamente, dificultan y entrampan la posibilidad de alcanzar verdaderamente una educación que cultive el desarrollo personal, ético y social, más allá de las asignaturas y el desempeño académico.
Es por esto que las Experiencias Nativas no deben tributar a una asignatura, ni a un objetivo de aprendizaje, sino que deben tributar a un fin mayor: educar a nuestros niños y niñas para el cultivo de la virtud. El desempeño académico no es parámetro de bienestar psicológico, físico ni social, por tanto no se puede continuar enfocando todos los esfuerzos en aquellos resultados.
Esto no quiere decir que es necesario abandonar las asignaturas y las materias, sino que debemos situarlas en correcto equilibrio con las vivencias de inmersión en el quehacer primitivo. Así podremos educar a estudiantes virtuosos, y abordar los evidentes desafíos en los índices de desarrollo personal social. Las Experiencias Nativas debieran ocupar al menos un cincuenta por ciento de la jornada escolar, sólo así podrán impactar profundamente en la cultura escolar y el desarrollo humano de los estudiantes.

