Malestar Difuso

La metodología de Experiencias Nativas nace como respuesta a un malestar difuso y transversal, que se ha ido incrementando en la sociedad desde hace ya mucho tiempo. En las comunidades educativas, este malestar se traduce en las crisis de convivencia, salud y habilidades. En la Fundación Nativos consideramos que esto se debe a un hecho ineludible: estamos perdiendo la capacidad de sustentar un buen vivir. Este fenómeno sucede porque el rol de la educación se encuentra diluido y sobre enfocado en el rendimiento académico, la mirada disciplinaria y la idea de éxito, lo que reduce a la persona humana a engranajes de un sistema que imposibilita cultivar las capacidades de resolver el arte de vivir bien.

En los diez años que llevamos educando, vemos que en la escuela actual se ha perdido la continuidad con los territorios y las experiencias, por lo que el aprendizaje queda sin arraigo ni propósito, el conocimiento se organiza como una transmisión inconexa y se pierde la posibilidad de cultivar la virtud. Los procesos de enseñanza se orientan en exceso hacia una pedagogía del rendimiento, que reduce toda la riqueza de los procesos de enseñanza, a formar sujetos capaces de producir, en desmedro de ser capaces de sostener una buena vida. 

¿En qué se materializa este diagnóstico para la escuela?

La escuela de hoy transmite conocimientos, pero no sabiduría.
Se enseña ortografía a los estudiantes, pero no a expresar emociones.

Se busca el intelecto y no las habilidades.
Se les exigen notas, pero no destrezas.

Se centra en la mente, pero no en el espíritu.
Se les exige razonar, pero no sentir.

Se apunta a la cabeza y no al cuerpo.
Se les pide memorizar, pero no encarnar.

Se enseña con teorías y sin experiencias.
Se les enseña reacciones químicas, pero no saben leudar un pan.

Se acude a lo artificial en lugar de lo territorial.
A los estudiantes se les enseña con plásticos en lugar de palos, gusanos y tierra.

Mira hacia afuera en lugar de hacia adentro.
Se les habla del mundo, pero no de su identidad.

Se enseña dependencia en lugar de libertad.
Se prepara a los estudiantes para el mundo laboral, pero no para el mundo interior.

Se forma a sujetos y no a personas.
A los estudiantes se les mide por lo que hacen y no por lo que son.

Plantea estandarizar y no profundizar.
Se busca moldear a los estudiantes y no encender su espíritu. 

Profundización del Diagnóstico:

En Fundación Nativos vemos que nuestro modelo educativo actual fue concebido como un positivo complemento a la vida de los niños, niñas y adolescentes de hace cincuenta o cien años. Las escuelas y liceos tradicionalmente han tenido una necesidad muy concreta; entregar conocimientos y habilidades ilustradas con el fin de enriquecer las experiencias de vida y darles herramientas a los estudiantes para desenvolverse en las disciplinas modernas, y así poder ser hábiles en el mundo laboral. Sin embargo, dicho contexto supone que los estudiantes ya tienen una base de virtudes fundamentales como la autonomía, la ecología y la ética. Por tanto la escuela solo viene a enriquecer dichas vivencias y orientarlas con nuevos conocimientos y habilidades modernas. Evidentemente hace cincuenta o cien años las familias y barrios constituían un núcleo pedagógico igual de relevante que el de la escuela, y allí en sus cotidianidades aprendían en contacto con las experiencias nativas a cocinar, refugiarse, explorar, registrar, expresar y convivir de forma análoga y directa. Es decir, los niños, niñas y adolescentes de esos años iban a la escuela para enriquecer sus formas de vida desde el saber ilustrado, pero en ningún caso iban a constituir sus maneras de ser virtuosos, aquello era tarea de los hogares, barrios y territorios.

Hoy aquella base de virtudes fundamentales no existe en los estudiantes. Ni los barrios, ni las familias, ni las escuelas están disponiendo las vivencias, intrínsecamente pedagógicas, que nutren a los niños, niñas y adolescentes de autonomía, ecología y ética. Hoy ya nadie dispone de los momentos que posibilitan aprender arraigadamente sobre el arte de vivir bien. Las experiencias nativas se han extinguido y por tanto las virtudes fundamentales también. Aquello que viene sucediendo hace décadas produce que el estudiante de hoy asista a un establecimiento, necesitando aprender esas virtudes fundamentales, pero solo se le ofrecen conocimientos y habilidades ilustradas. El niño, niña y adolecente va a su comunidad educativa necesitando aprender a “ser” y solo se le ofrece enseñarle a “saber”.

Esta situación, al no ser reconocida, nos depara en un círculo vicioso, ya que intensificamos el “saber ilustrado” pensando que así podremos solucionar el “ser virtuoso” de nuestros estudiantes. Aquello no solo es un error, sino que es significativamente contraproducente para las necesidades de los niños, niñas y adolescentes. A medida que intensificamos la transmisión de conocimientos y habilidades ilustradas disminuimos la posibilidad de que ellos adquieran las virtudes fundamentales para resolver su propio buen vivir.

En Fundación Nativos vemos que la crisis pedagógica actual se produce porque nuestro modelo educativo está descolocado, ya que nunca estuvo diseñado para permitir el cultivo de las virtudes fundamentales que resuelven el arte de vivir bien. Y hoy, que estas virtudes se han extinguido producto de múltiples factores, los estudiantes se encuentran desamparados de vivencias capaces de reivindicar la autonomía, la ecología y la ética. El actual modelo sigue proponiendo que a través de las disciplinas como lenguaje y comunicaciones podremos disminuir la violencia escolar, o que con biología podemos mejorar los hábitos saludables, lo cual no solo no tiene ningún sustento lógico, sino que intensifica el problema ya que lo esquiva. Es como pedirle a un pan que crezca sin levadura, aunque esté la harina, la sal, el agua y el calor, sin levadura este no podrá crecer. La levadura es como las virtudes, permiten la cualidad humana, y hoy en los liceos y escuelas no están disponiendo de ella.

En este sentido la educación actual tiene el desafío de abordar una doble función; enseñar a “ser” y luego a “saber”. Aquello nos invita a integrar dos mundos pedagógicos distintos pero complementarios. Por un lado es necesaria una educación original, primaria, ancestral basada en las experiencias nativas, para cultivar las virtudes fundamentales en los estudiantes. Y por otro lado una educación moderna, académica, intelectual, basada en conocimientos y habilidades ilustradas que les dé herramientas a los estudiantes para desenvolverse en las disciplinas modernas y así poder ser hábiles en el mundo social y laboral.

Es desde esta mirada es que nace la Educación Moderno-Nativa, complementando ambos mundos pedagógicos, asignado relevancia a los aprendizajes intangibles, intuitivos, amorosos en una justa relación con los aprendizajes tangibles, académicos y disciplinarios. Esta es una propuesta educativa para el presente, simple y significativa, que atiende un diagnóstico filosófico y práctico.

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