Para revertir este distanciamiento de las habilidades que sustentan el buen vivir, surge la propuesta metodológica de las Experiencias Nativas, que se definen como vivencias de inmersión profunda en los quehaceres primitivos, donde lejos de ser un “aparente” retroceso, estas vivencias representan la reivindicación de saberes vivos, indisciplinados y capaces de cultivar la virtud.
Esta alternativa pedagógica postula que las habilidades fundamentales para la vida son prácticas indisciplinadas, que no pueden transmitirse mediante la teoría o contenidos ilustrados, sino que requieren de la interacción directa con las experiencias que posibilitan resolver el diario vivir.

La base metodológica de las Experiencias Nativas articula tres momentos inseparables que dan forma al acto pedagógico:
- Territorio: Es el «primer educador». No se limita a lo geográfico, sino que es un ecosistema vivo (natural, social y cultural) con el cual el estudiante debe vincularse directamente, ya sea en el entorno escolar, urbano o en los ecosistemas.
- Experiencia: Son inmersiones profundas en los quehaceres primitivos, (subsistir, cocinar, refugiarse, habitar, explorar, registrar, expresarse y convivir). Estas prácticas recuperan saberes vivos, indisciplinados y directos, superando la visión de la educación como una mera acumulación de contenidos.
- Virtud: Es el resultado del proceso. La virtud no es un contenido que se aprende, sino una disposición hacia la vida cotidiana que se cultiva a través de enfrentarse a los territorios y sus experiencias.







